Artimañas

Entrevista de Jorge Savio

La Gacetilla (Jujuy/Tucumán) de noviembre de 2012

Nació en Buenos Aires pero hace más de treinta años que reside en Madrid, donde se doctoró en filosofía en la Universidad Complutense, especializándose además en filosofía de la historia e idealismo alemán.

Publicó libros de su especialidad y ahora indaga en la literatura, es autora de cuentos y su primera novela corta, mereció un importante premio de la Diputa- ción provincial de Cáceres, España.

Con ayuda de la tecnología, dialogamos por segunda vez con la escritora días antes de su nueva visita a Argentina.

En el año 2010 estuviste presentando tu novela El Tacuaral en Jujuy y ahora vuelves con un libro de relatos, Artimañas. 11 trampas para cazar lectores desprevenidos. Me gustaría saber cuál es el contexto de la presentación de esta nueva obra o, dicho de otra manera, a qué actividades te has dedicado en los últimos tiempos.

Artimañas se presentó en la Casa de América de Madrid el último 31 de mayo, con un espectáculo de integración de distintas artes: música, artes plásticas (en su versión gráfica), literatura y filosofía, ya que la misma obra es una mezcla de todas estas disciplinas. A continuación, hice dos presentaciones más: una en agosto en Mahón, la capital de Menorca, y otra, en octubre en la Universidad de Valencia. Paralelamente, intervine en varios foros relacionados con el arte y la literatura. Estuve en la Universidad de Cádiz en el Congreso de Literatura Iberoamericana explicando cuál es la situación editorial actual, no sólo en España sino en el mundo, porque la globalización también ha unificado el mercado del libro, produciendo una concentración editorial que condiciona notablemente a los autores y la difusión de sus obras. En Valencia expuse, además, una conferencia sobre las transformaciones que ha sufrido la literatura en castellano en los últimos años, aplicable también a otras lenguas.

Mi tesis es que vivimos en la sociedad de la imagen y que la literatura ha sido absorbida, en gran medida, por ella tanto en el estilo como en la creación de arquetipos. En su ámbito específico, asistimos a un predominio escandaloso de la novela sobre las demás formas literarias. Esta potenciación, contrariamente a lo que podría pensarse, ha provocado un alarmante empobrecimiento de la narración. El giro narrativo, propio de la posmodernidad, se nutre de técnicas utilizadas reiteradamente, sobre todo desde el romanticismo, y que, por tanto, resultan muy poco innovadoras. Pero, en realidad, éste no es el problema, ya que la posmodernidad reconoce su carácter epigonal y rechaza la idea de evolución o progreso. Lo que sí es verdaderamente preocupante es que estas técnicas, e incluso los contenidos que desarrollan, lamentablemente se han puesto al servicio de la sociedad de ocio y de consumo, con lo cual, el arte en sentido enfático, como modo de acceso a la verdad, de crítica o de denuncia, prácticamente ha desaparecido, para transformarse en un puro artificio. En términos generales, la actividad en el mundo del libro se ha industrializado convirtiéndose en un negocio más, cuyo fin es divertir para que no ahondemos en los verdaderos problemas que tiene planteados la humanidad.

Finalmente, también he acudido al Seminario Internacional de Hermenéutica y crisis social, celebrado a mediados de octubre en la Universidad de La Laguna (Canarias), donde me invitaron a participar con una ponencia sobre los orígenes de la hermenéutica en el romanticismo alemán, entendiendo su proyecto como una ontología de la libertad. En este caso, mi objetivo era doble. Por una parte, tenía gran interés en escuchar a los otros participantes, que procedían de distintos países latinos y que iban a presentar las últimas actualizaciones y aplicaciones de la teoría. Por otra parte, quería entregar Artimañas al último de los hermeneutas consagrados que aún vive, a Gianni Vattimo, porque me refiero a él, como símbolo de la posmodernidad filosófica, en uno de los relatos de mi libro.

¿Cómo definirías la hermenéutica filosófica? 

Podríamos definir la hermenéutica partiendo de la etimología de la palabra griega como el arte de esclarecer, interpretar o traducir un texto. Se trata, por tanto, de una tradición muy antigua vinculada a la teología, el derecho, la filología y la crítica literaria, o sea, a todos aquellos textos que por su dificultad, su carácter simbólico o su significado oculto requie- ren algún tipo de explicación o exégesis. En un principio, se trataba sólo de un método para llegar a la verdad de lo expuesto, pero en la época contemporánea, la hermenéutica dejó de ser un instrumento para convertirse en una teoría general de la comprensión, que nace de la idea de que el lenguaje, en cuanto capacidad para establecer comunicación e interactuar con otros, es constitutivo del ser humano, de tal modo que toda nuestra experiencia del mundo está mediada por la lingüisticidad. En este último sentido, la hermenéutica es uno de los movimientos filosóficos más importantes del siglo XX, aún vigente en nuestros días. Hunde sus raíces en el historicismo de Dilthey, la fenomenología de Husserl y el “existencialismo” de Heidegger, de los que se nutre. Sus dos repre- sentantes más destacados fueron Gadamer, su fundador, quien publicó Verdad y método en 1960 y murió hace tan sólo unos diez años, y Paul Ricoeur con su magna obra Tiempo y narración, aparecida en tres partes entre 1983 y 1985, fallecido en 2003.

¿Cuáles son para ti los aportes de la hermenéutica actual?

En el siglo XX la filosofía realizó un giro lingüístico, dejó de preguntarse por las cosas para centrarse en el modo en que las interpretamos, y así primó el estudio del lenguaje. Pero, en ciertas tradiciones, se consideró que el lenguaje científico era el único digno de atención, porque supuestamente ofrece una visión objetiva y estable del mundo. Creo que una de las mayores aportaciones de la hermenéutica es haber recuperado la noción de comprensión y fundarla en una teoría de la intersubjetividad. Comprender es algo más que reducir la realidad a conceptos, implica entrar en diálogo con otros, admitir su diferencia y su historicidad, poniendo en juego también las esferas de la intuición, el sentimiento y la imaginación, supone -como dice Gadamer- “fusionar el horizonte” de nuestra perspectiva con la de los demás, manteniendo nuestra independencia, en un despliegue continuamente abierto de preguntas y respuestas. Por eso, la hermenéutica no se entusiasma con la ciencia y prefiere ahondar en el ámbito del arte, la historia, la ética o la política, donde resulta mucho más problemático alcanzar un acuerdo. Nació con una clara vocación intercultural y actualmente está realizando grandes pasos para posibilitar la comprensión mutua, el diálogo respe- tuoso entre distintos pueblos, ideologías, religiones y lenguas, por lo que podría ser capaz de dar respuesta a muchos desafíos que caracterizan a las sociedades actuales a nivel global, marcadas por las migraciones, la multiculturalidad y el plurilingüismo. Precisamente por eso, recordando la lengua común que se hablaba en Grecia en la época helenística, Vattimo ha reconocido en la hermenéutica la posible koiné filosófica del pensamiento occidental.